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Odiseo...
jueves, febrero 23, 2006
 
Aquel que fuera mi primer amigo.

Y lo fue ciertamente y desde la cuna. Sus padres y los míos paseaban juntos y nos aireaban en nuestros correspondientes carritos cuando todavía igual que echábamos una sonrisa al ganso de turno que nos hacía una mueca grotesca, nos cagábamos en los pañales, para agradecérselo con un buen perfume. Éramos él y yo como la miel y el betún. Me apresto a aclarar que yo la miel, calvo y mondo lirondo, de ojos azules como platos, él por contra, un pellejoso peludo negruzco al que sólo le faltaba tener vello en el blanco de los ojos. Así me lo narró mi padre, y así pude yo comprobar que era en las correspondientes fotos de época.

La cuestión es que fuimos creciendo esos primeros años bastante unidos, compartiendo momentos y espacios, casi como dos hermanos. Tanto sus padres como los míos siguieron siendo buenos amigos, incluso hasta la misma muerte, como dolorosamente he podido comprobar no hace tanto.

Pero no así mi primer amigo y yo.

Podría recordar con todo lujo de detalles porque la memoria casi me lo permitiría, todos y cada uno de aquellos juguetes que aquel horrendo tío suyo solterón, hermano de la madre, y del cual sin duda copió el fenotipo mi amigo, le traía periódicamente de Alemania. Porque aquel tío suyo a quien yo tengo tanto que agradecer, fue uno de esos emigrantes españoles que entonces ayudaron a levantar la Alemania de la post guerra, y con sus contribuciones, también a levantar algo este lastimoso país por entonces. Recuerdo el tren eléctrico Marklin cuando aquí nadie tenía otros juguetes que una pelota de trapo, y recuerdo aquellos rutilantes coches dirigidos por cable, así como mi azoramiento cuando al "Tiburón" se le saltó inopinadamente una arandela al tomar la cerrada curva de una silla con exceso de velocidad. Aquella resultó ser mi primera experiencia autodidacta en mecánica e ingeniería, pues reponer la arandela a su sitio sin dejar rastro de tamaña catástrofe, fue toda una aventura. Y en el patio de su casa, lo recuerdo punto por punto, tengo esa imagen más grabada a fuego que aquel papel víctima del experimento, también realicé mi primer experimento con fotones y las leyes de Fresnell: conseguí prender fuego a un papel con una lupa de plástico. Aquello no pasó a mayores. Naturalmente, el olor a cuerno quemado, atrajo rápidamente a su madre, que me sopló un buen coscorrón. Como tampoco pasó a mayores aquella vez que su padre tuvo que trasquilarnos las pelambreras porque decidimos resolver una disputa, a falta aún de herramientas más sofisticadas para ello, a base de aplicarnos chicles masticados en la cabeza uno al otro. No sigo con ello, pues estos detalles propios del Camino de Swan, no son propios de los tiempos que corren, donde lo sucinto, escueto y tajante impera, porque así parece como si el tiempo se nos fuera menos de las manos, o porque así, quizás, no tenemos tiempo para ver cómo se nos va de entre ellas.

Mi amigo y yo dejamos de serlo sencillamente por las secuelas de la Guerra Civil. Su familia se alimentaba cómodamente de una nómina franquista, en tanto que la mía había sido cercenada, expoliada, y condenada a la semipenuria. Cuando yo tomaba conciencia de este hecho, y me iba convirtiendo quizás en algo así como un intelectual, él por contra, deseaba estar metido en un uniforme militar. El desarrollaba un cierto aire chulesco, yo un agudo sentido crítico contra ese mundo atenazante y castrante, algo chulesco también, cosas de la edad. La ruptura era inevitable. Yo me declaré íntima y violentamente antimilitarista cuando aún eso era pecado. Quizás por eso hoy sepa algo más en profundidad que cualquier ciudadano, de armas y de guerras, de sus causas y razones y no de sus detalles, por ser mis desde entonces enemigos principales.

Pero lo que menos le soporté, y por lo que más acabé rechazando cualquier forma de compañía con él, fue cuando él pudo ser compañero en el primer curso de Facultad de la mujer a quien primero besé, no siéndolo yo, por una cobardía de ella. Reconozco que le envidiaba por ello. No le perdoné mi sospecha de que le estaba echando los tejos a la mujer de la que yo estaba enamorado, de cuya compañía él disfrutaba y yo no podía, aunque esa batalla, ese futuro soldado, finalmente la perdió.

Hoy, ya comandante del ejército, debe ser según oídas, un experto en sistemas de detección por radar. Aunque padeció de niño una enfermedad reumática grave, se recuperó sin duda, y sé que a los cadetes les da sopas con ondas a la hora de correr una maratón.

Las tres últimas veces que he tenido noticias suyas han sido en el óbito de su padre al que asistí, una de estas fiestas de antiguos alumnos en la que la vaquilla por cierto le rehuía particularmente a él, él en medio del ruedo medio borracho, ella, danzando por los laterales, y la última vez, cuando un buen día, frente a la que fuera casa de sus padres hoy ya tan sólo de su madre y quizás de alguna de sus solteronas tías que quedaron todas para vestir santos, un nene corretón, negro como un escarabajo, se metía atropelladamente en un coche allí aparcado. Allí me acerqué, y saludé a la que vi sin duda que era su esposa aún a pesar de los años transcurridos, y acaricié a ese monstruejo negruzco que era hijo suyo. Sin duda también, porque su mujer es rubia y espigada.

Creo que tanto él como yo trabaja cada cual en su sitio y en sitios dispares, pero trabajamos uno construyendo y otro defendiéndolo, juntos, por el bien el uno del otro, y espero que así sea y que así siga siendo, y que su hijo y el mío, y los sucesivos de ellos, así sigan haciendo para siempre y por siempre.

Hoy no será mi amigo, pero su recuerdo es imborrable, y mi sentimiento y afecto hacia él, se ha recuperado quizás cuando observé a aquel nene con pinta de grajo que resultó ser su hijo.


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martes, febrero 21, 2006
 
(Es una curiosidad, algo de literatura, quizás poco más. Desconozco su procedencia y origen, aunque sí sé de quién lo he "recibido").


Los Esenios

La cofradía de los Esenios ha permanecido oculta al conocimiento profano por lo hermético de su enseñanza, por la elevada misión que les correspondió cumplir y seguramente por no ser mencionados en la Biblia. Ellos prepararon el terreno para que la semilla de Jesús cayera en tierra fértil. El conocimiento oculto no ignoró a los Esenios, a diferencia del mundo religioso, filosófico y científico, a pesar que en el siglo I eran conocidos.Fue necesario el "accidental" hallazgo hecho en el interior de una gruta, en el año 1947, por un joven beduino, Mohamed el lobo, quien encontró las jarras de greda con rollos de lino recubierto de alquitrán o cera con escritos en pergamino y láminas de cobre de más de 2.000 años de antigüedad para que los esenios fueran nombrados en el mundo moderno.

Se remonta el misterioso origen de la comunidad esenia al tiempo de las Macabeos, unos 150 años antes del nacimiento de Jesús. Ellos se encargaron de neutralizar, con la Fuerza de sus pensamientos y Poder vibratorio, las bajas vibraciones del entorno en el área donde habría de "nacer" el Mesías.

Tres escritores del siglo I D. C. los mencionan: Plinio dice: Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las palmeras son su única compañía. Se renuevan de continuo merced a la incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran número, hombres hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna impulsaron a adoptar tal género de vida. Así un pueblo se ha perpetuado, por increíble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy útil para acrecentar su número es el disgusto de otros hombres por la vida.

Filón inspirado en los esenios ilustró la tesis de su Tratado para probar que todo hombre bueno es también libre. Señala de esta comunidad: Hay 4.000 esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. Evitan las ciudades y prefieren vivir en los pueblos. Tienen todos sus bienes en común y un administrador hace las compras y maneja el dinero. Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus tareas, como quien regresa de un concurso atlético. Los esenios se han reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la humanidad.

Josefo escribe: Constituyen de hecho una hermandad que tiene algo de común con los pitagóricos. Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la temperancia y la autodisciplina. Los esenios renuncian también a la riqueza, comen solo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos. La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a una voluntad resuelta. La guerra con los romanos probó sus almas de cuantas maneras era posible: Estirados en el potro, retorcidos, destrozados, quemados, sometidos a todos los instrumentos de tortura para blasfemar de su Legislador o comer alimentos prohibidos, no consienten en tales demandas y ni una sola vez adularon a sus perseguidores ni derramaron lágrimas.

La comunidad esenia vivía como conjuntos de anónimos campesinos. Estudiaban entre otras disciplinas los secretos de las plantas y minerales con sus aplicaciones para beneficio humano, descubriendo sus maravillosos poderes curativos.

Eran un grupo rigurosamente iniciático y esotérico, como tal tenían tres niveles para la Enseñanza, regidos por rigurosas Leyes de silencio jamás violada por un esenio. Las comidas comunitarias eran la primera incorporación del aspirante, en ellas se leían e interpretaban las Sagradas Escrituras en su esencia y no en su forma. El Iniciado esenio recibía el conocimiento de las Sagradas Leyes, comprendía la divinidad del hombre septenario con el alma que permanece en una etérea región entre el espíritu y el cuerpo corruptible y transitorio que la ayuda a crecer. Mediante técnicas y disciplinas lograban transformar el conocimiento recibido en sabiduría, esa sabiduría que desde lo interno brota con su luz hacia afuera.
Ser esenio significaba ser un ejemplo de moralidad, pues en forma natural aprendían a controlar toda pasión, deseo y cólera. No apetecía las cosas temporales, sin egoísmo servía a los demás desarrollando sus valores espirituales.

No se regían por rituales externos. Jesús estuvo entre los esenios, en su círculo interno aprendió el dominio de los sentidos y el desapego a lo externo, desarrollando su elevado nivel de Conciencia suprahumana en la materia. Vence todas las limitaciones del plano temporal y recibe la Cuarta Iniciación, la más grande jamás dada ni recibida en la Tierra. Saben los Iniciados esenios entonces que su misión ha dado el fruto deseado, el Mesías inicia su misión.
Queda liberado Jesús de todo lo que lo unía a los esenios. Ellos no deberán intervenir, de ahora en adelante Él deberá continuar solo como el Mesías que es. Sólo Él podrá en Sí mismo saber lo que el Padre le encomendó. Jesús llegará a ser Jesucristo o la energía del Padre dimanada por Jesús a los hombres. En el desierto le son ofrecidas todas las riquezas materiales y los poderes para ser en la Tierra como hombre el rey de reyes, ese rey que el pueblo judío esperaba para dominar el mundo. Rechaza la tentación y acepta la misión. Cumplida su misión, los esenios, a los 50 años de haber desencarnado Jesús se dispersaron y...
Uno de los escrito esenio más importante es el Evangelio de los Doce Santos, redescubierto en 1888 y traducido del arameo por el Rev. Gideon Jasper Ouseley, en él se dice:
Y las aves se reunieron alrededor de Jesús y le dieron la bienvenida con su canción y otras criaturas vivas se pusieron a sus pies y él los alimentó y ellos comieron de sus manos. Les dice Jesús: Estas criaturas son tus compañeras en la gran casa de Dios, si son tus hermanos y hermanas, tienen el mismo respiro de vida en la Eternidad. Y quien cuide a al menos una de éstas, y les dé de comer y beber, lo mismo está haciendo conmigo.
En el Manual de Disciplina esenio III, 13 - IV, 26 se lee: El origen de la Verdad está en el Lago de la Luz y el de la perversidad se encuentra en la Fuente de Oscuridad, todo aquel que practique Justicia está bajo el dominio del Príncipe de Luz y camina por el camino de la luz; todo aquel que practica perversidad está bajo dominio del Ángel de Tinieblas y camina en el camino oscuro.
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